El viajero.
Desde hace un tiempo por mi trabajo estoy viajando mucho, trabajo a nivel nacional, además de que el equipo que dirijo está distribuido por varias ciudades de España, por lo que a lo largo del mes paso bastantes días fuera de mi ciudad, inicialmente esto de viajar solo me resultaba una dinámica dura, ya que te pierdes muchos eventos en tu vida personal, por otro lado tu agenda pasa a ser una hoja de ruta vital y su planificación debe ser cuidada con esmero, porque para el viajero una sola confusión en lo que va a hacer puede generarle un caos que influirá en toda la planificación de un mes, incluso en un trimestre entero, es decir pasa a ser un gran puzzle que la colocación de una pieza influye en el desorden de las siguientes piezas.
Interiorizar esta dinámica como rutina no es fácil y menos para personas como yo que siempre hemos creído que la creatividad y la capacidad de improvisación es una virtud fundamental para el desarrollo de cualquier profesional, pero como cualquier elemento nuevo que te saca de tu zona de confort te aporta nuevas capacidades, enseñanzas y cualidades que ni si quiera sabías que tenías, por lo que voy a contaros mi experiencia y compartir algunos aspectos divertidos que voy observando en cada viaje que realizo, hoy os venís de viaje conmigo.
Comienza el viaje
Suena el despertador, son las 5:00 am me levanto totalmente desorientado, mi pareja se da la vuelta en la cama y su cara refleja la relajación de esas dos horas que todavía le quedan de sueño, me dirijo a la ducha totalmente dormido y oigo un grito que me hiela la sangre, mis terminaciones nerviosas se alteran, mi corazón se acelera ¿ que pasa ? y observo a mi perro en el suelo mirándome con cara de reproche, otra vez le he pisado…algo muy típico los días de viaje.
Después de ducharme y vestirme mientras tomo café, repaso mentalmente la agenda del día y los elementos prioritarios para hacerme una idea de lo primero que debo hacer en cuanto me siente en el tren, observo como el perro está a mi lado mirándome despierto, parece mentira pero siempre consigue arrancarme la primera sonrisa de la mañana, su mirada me dice » si tu madrugas… yo contigo»…
Otro sonido estridente rompe la tranquilidad, mi corazón vuelve a saltar, mi perro empieza a ladrar, es el telefonillo, mi taxi está en la puerta, esta es una de las costumbres mas terribles de las empresas de taxis, has pedido un taxi a las 6 de la mañana y a las 5:50 te llaman al telefonillo despertando a toda la casa, contesto con voz de enfado, «si ya voy», pero recuerdas como el día anterior avisaste por decimoquinta vez a su central de que no hiciesen esto, en ese momento decides no asomarte por la habitación, porque la princesa que comparte tu cama se habrá transformado a algo mas parecido a la niña del exorcista y con razón…aunque nunca puedo evitar que se dibuje una sonrisa maliciosa en mi cara mientras salgo de casa.
Mientras voy hacia Atocha o al aeropuerto normalmente el taxista intenta mantener conmigo una animada conversación y siempre pienso «son las 6 de la mañana y hablar de Rajoy no es la mejor manera de empezar el día»…, una vez en la estación reviso el correo electrónico y veo como ya tengo 5 correos nuevos, curioso pero precisamente los remitentes de esos correos son personas que como yo viajan regularmente, este tipo de rutinas veo que se hacen comunes entre los viajeros, contesto y después de pasar el control de equipajes entro en el hall de la estación, caras familiares y caras desconocidas que viajan por algún tema puntual, pero a ambos grupos les delata su forma de actuar, es curioso pero las personas que viajan poco por trabajo, cuando lo hacen se comportan totalmente diferente a los que lo hacemos regularmente, sus caras y su comportamiento está extrañamente excitado, es como si les embargase una euforia que les hiciese sentirse importantes, esto me hace sonreír, al fin de al cabo somos seres humanos que queremos reconocimientos y tener sentimiento de pertenencia a las organizaciones para las que trabajamos.
El ecosistema anónimo.
Cuando llego a una estación de tren de Renfe o aeropuerto y entro en la zona de espera de embarque siempre pienso lo mismo, es como un ecosistema, una colmena donde hay mucha actividad y cada individuo se asocia a diferentes categorías que los identifica en grupos, los segmentos que he ido identificando hasta ahora son:
- Los lectores, normalmente son individuos que buscan rápidamente un sitio donde sentarse, suelen abstraerse de lo que les rodea y se enfrascan en la lectura de su móvil, tablet y de vez en cuando algún libro.
- Los falsos aristócratas, son ejecutivos de mirada altiva que observan todo lo que les rodea con una mueca de desagrado, intentando dejar patente su prepotencia, es bastante patético porque tratan de hacer entender al resto con su comportamiento que son gente importante…y no se dan cuenta de lo ridículos que resultan, además de que a esas horas al resto nos importa mas bien poco su teatrillo.
- Los turistas eternos, siempre ves como en esa gran colmena hay algunas personas vestidas totalmente de sport, con una actitud calmada y grandes maletas, curiosamente suelen estar ojeando guías o simplemente observando con curiosidad al resto de viajeros, al principio me sorprendía ver a gente que viaja por placer en Febrero o Marzo pero ahora reconozco que me dan envidia sana y suelo regalarles alguna sonrisa al cruzar las miradas.
- Los trotamundos, son la evolución de los que viajamos asiduamente por trabajo, es curioso observarles porque siempre disponen de algún gadget que les hace esa dinámica de viajes continuos más cómoda, además de conocer todos los trucos para conseguir hacer confortable la dinámica de viajar solo, donde aún las cafeterías están cerradas ellos aparecen con un café para llevar, cuando tú llegas 40 minutos antes a la estación de Renfe por si pasa algo, ellos lo hacen con 15 minutos de margen, mientras tú peleas con tus rodillas con el asiento de adelante ellos siempre van en asientos de pasillo, etc.
- La manada, son esos grupos de compañeros de trabajo que se desplazan en bloque porque tienen una reunión conjunta en otra ciudad, su carácter es dicharachero y su actitud bastante afable, pero estas perdido si te tocan cerca en el tren o el avión porque no te dejarán dormir y no callarán en todo el viaje.
- Los jubilados, estos me hacen bastante gracia porque inicialmente parecen estar despistados pero cuando suena por megafonía la llamada para embarcar se convierten en Usain Bolt.
Hablando de megafonía suena la llamada para que nos acerquemos a la puerta de embarque, este momento también resulta curioso porque el ecosistema se revoluciona y se producen autenticas competiciones por ocupar los primeros sitios de la cola, veo como una de los falsos aristócratas aprieta el paso para llegar de los primeros, es curioso ver a alguien andar tan rápido con la cabeza tan levantada, es antinatural, pero cuidado que veo que uno de los jubilados se apresura para adelantarle, nuestro amigo el mega-ejecutivo aristócrata se percata y comienza a apretar el paso, a lo que el jubilado empieza prácticamente a trotar, yo mientras me río observando la escena y la improvisada competición, aunque si os soy sincero ya tengo claro quien quiero que gane !!!! vamos jubiletaaa ¡¡¡¡.
Ya estamos dentro del tren, me acomodo en mi sitio y enciendo el ordenador, tengo unas horas por delante para poner en orden los temas pendientes de mi agenda, aparece mi compañero de asiento, saluda cortesmente y hace exactamente lo mismo que yo, enciende su ordenador y se pone a contestar correos, otras veces a perfilar detalles de una presentación y en el peor caso a mirar casi sin pestañear a una hoja excel que ha debido llevar semanas terminarla.
Después de unas horas se vuelve a avisar por megafonía que el tren está llegando a mi destino, recoges tu maleta y la verdad es que pienso bastante extrañado que aunque hemos ído sentados juntos varias horas normalmente no intercambias apenas palabras con la persona que va a tu lado, eso me da lastima porque ves como hablamos en nuestros trabajos de la importancia de las relaciones, la comunicación y realmente la practicamos poco en los viajes.
El taxista autóctono
Llegues al destino que llegues toca esperar la fila para coger un taxi, normalmente aquí también es importante la experiencia, para que ese desplazamiento no te cueste mas que el viaje en tren, además de tener en cuenta las peculiaridades de las diferentes zonas, puedo daros algunos consejos a la hora de identificar a los taxistas ( evidentemente hay de todo, que nadie se enfade ;), pero si he observado pautas comunes dependiendo de las zonas:
- El taxista andaluz, curiosamente todos tienen roto el tpv para que les pagues con tarjeta…, además de que si no les indicas claramente donde vas y por donde prefieres ir puedes acabar viendo la ciudad de punta a punta, oye que como recurso turístico no es malo pero…
- El taxista valenciano, normalmente mi experiencia es que van bastante enfadados y su conducción es rápida y agresiva, eso sí llegas enseguida a tu destino.
- El taxista Madrileño, olvídate…. nunca será nacido en Madrid, estos ponen el GPS y aunque exista un camino mas corto tiran por donde les indica.
- El taxista catalán, estos sin duda son los mas serios, siempre puedes pagar con tarjeta y suelen llevarte a tu destino sin dar grande vueltas.
- El taxista Vasco, no sé muy bien porque pero están muy cotizados y cuesta encontrar taxis, suelen ser callados y si les indicas que les pagas con tarjeta te cobran con TPV pero suelen echarte una mirada que puede helar la sangre, sus trayectos son correctos.
- El taxista extremeño, estos son una derivación del taxista andaluz, normalmente su tpv también está estropeado, te dan menos vuelta pero te atormentan con Radiole durante el camino….
Sólo una reflexión, aunque lo trato con humor el servicio que nos dan los taxistas a la gente que viajamos asiduamente es un recurso realmente preciado, ya que nos hacen la vida más fácil.
En la jornada de trabajo, sea donde sea que hayas viajado normalmente te esperan agendas maratonianas con reuniones internas o externas, o bien una sola reunión tipo ( ponencia, curso, presentación masiva que conlleva cierta preparación de salas, contenido a presentar, material a entregar etc), en esta segunda tipología, la ley de Murphy siempre actúa, porque probablemente te encontrarás con algo que no funciona y tienes que resolverlo a la carrera, pero aunque el sr Murphy nos haga sufrir un poco, la realidad es que siempre acaba solucionándose minutos antes de que empiece el evento.
Visite nuestro Bar.
En los aviones no pasa, pero en los trenes AVE la cafetería es el centro neuralgico del tren, todos pasamos por allí y mirándolo con frialdad es absurdo, ya que la calidad de las comidas ( básicamente bocadillos) es cuestionable, los precios están un 30 % mas altos que en cualquier establecimiento de hostelería y las colas para pedir suelen ser interminables, por lo que no termino de comprender el éxito de estos bares móviles, probablemente estas visitas se produzcan más por aburrimiento que por una cuestión de hambre o sed.
El vagón de la cafetería normalmente tiene una barra en forma de U, a ambos lados de la misma debajo de las ventanillas del vagón dos barritas estrechas a modo de mesa, con el objetivo de que comas cómodamente de pie y haciéndote fuerte por mantener tus 40 cm de barra frente al ejecutivo aristócrata que se ha situado a tu lado, este te mira de reojo ignorando tu presencia mientras se bebe su 5º Gin tonic en vaso de plástico, ojea un periódico de economía que apoya tácticamente sobre tu bocadillo y tu brazo, aquí lo aconsejable es evitar pensar lo de » la violencia a veces está totalmente justificada…» y no puedo evitar recordar escenas de la serie Allie Mac beal, después de unos minutos normalmente se agota mi paciencia y decido tomar medidas para evitar tanto roce, «¿ perdone me deja un huequito ? «, siempre lo digo con mi mejor sonrisa, a lo que el individuo en cuestión mira con aire despectivo y sin decir nada aparta su periódico exactamente un cm, bien… ya solo está encima de mi brazo…, ahora entenderéis porque en la carrera improvisada de esta mañana iba con el jubilado.
A veces he intentado no ir a la cafetería y he optado por el servicio de cafetería móvil ( vamos… el carrito de toda la vida…) con el cual te sirven bebida y comida en tu asiento, pides un café y te lo sirven en un vaso de cartón, que estoy convencido que tiene una estructura mas fuerte que los muros de carga de mi casa, el café por su sabor está hecho sin ningún tipo de cariño, posteriormente te preguntan «¿ quiere usted leche ?» cuando dices que sí te dan una tarrina del tamaño de un bombón que se supone que lleva leche dentro, pero a mi no me engañan, por la textura y sabor eso no puede haber salido de una vaca…, cuando preguntas cuanto es, te dicen con una amable sonrisa son 3,90 € por favor Sr…, pagas y todavía enfadado por el robo intentas abrir la tarrina de leche ( que lleva un sistema de cierre extremadamente complejo diseñado en alguna base oculta en la Antártida) cuando por fin consigues abrir la dichosa tarrina lo que se supone que es la leche, salta con vida propia a tu pantalón y tu mesa, pero tranquilo no caerá toda… quedarán unas gotas en la tarrina para poder echárselo a ese delicioso café….
Zona catastrófica
Si la leche ha saltado a tu pantalón lo normal es ir al lavabo para limpiarlo, pero al ir al baño mas cercano a tu asiento verás como siempre estará ocupado, por lo que intentarás ir al siguiente, también ocupado y finalmente decidirás ir al siguiente que está a tres vagones de tu sitio (parece una broma pero es una de las situaciones mas típicas con las que os enfrentareis viajando en tren) , abres la puerta y ves horrorizado un panorama indescriptible, digno de cualquier película de caos apocalíptico, piensas que no era tan buena idea limpiar la mancha de leche, porque sinceramente lo que yo he visto en los baños de un tren jamás he podido borrarlo de mi mente…., además de entender porque en España nunca seremos buenos en los deportes de precisión y puntería…, una vez limpia la mancha yo no puedo evitar mirar con recelo el liquido azul que llevan los urinarios ya que da la sensación que en cualquier momento va a hacer lo mismo que el contenido de la tarrina de leche, por lo que siempre decido abandonar la zona lo antes posible.
Por fin llego a mi destino, me levanto de mi sitio, cojo la maleta, bajo del tren y avanzo por la estación con aire distraído, al salir voy a la zona de taxi, la cola es infernal…por lo que paso unos minutos esperando mi turno y veo como el falso aristócrata está delante de mí en la fila, le sonrío atentamente para descolocarlo, me relajo siendo consciente de que las cosas para las cuales he viajado han salido bien y pensando que en unos minutos llegaré casa, me monto en el taxi y le digo la el destino al taxista, que lo mete ágilmente en su GPS pero entonces me sorprende con un ¿ ha oído usted lo que ha dicho Rajoy de….? un escalofrío recorre mi columna vertebral, pero no puedo evitar sonreír al pensar como todo se repite una y otra vez formando parte de un patrón cíclico que volveré a vivir en unos días…
By Juan Carlos Rivera.


Realista y divertido. Me he sentido identificado por momentos.